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domingo, 20 de febrero de 2011

Te lo cuento: "La hamaca"



Desde su ventana, Julio observaba al niño que se sentaba cada tarde en la hamaca de la plaza y hablaba solo. Cierto día, Julio ocupó la otra hamaca. El niño llegó, se sentó y comenzó a murmurar. Julio esperó un rato.
-¿Cómo te llamás? –le preguntó.
Aseguran que el niño jamás volvió a la hamaca.

Haikus para la merienda



19
Vuela una abeja
con destellos de polen
a la colmena.

20
Tendido en la hierba,
un árbol de hojas verdes
y retazos de cielo.

21
En el verano,
las peras ruborizan
por la tarde.

Cancionero: "La apuesta"



“Te apuesto que al Fausto ese al toque lo hago caer
p’ q’ no me hagás parecer un pobre diablo ’e cartón.”
Le dijo en esa ocasión, el pobre diablo a Jesús.
“Te juro por esa Cruz que su alma será mía,
me nefrega la porfía de tus ángeles del cielo;
y no se me mueve un pelo, q’ p’ esto ‘toy canchero,
ese Fausto por el suelo buscará su redención;
ni hablar que lo del perdón te lo dejo para vos…”

El Cristo como una seda lo midió indiferente,
ni frío ni muy caliente, más bien como una roca,
le dijo: “Esto no es poca cosa lo que propones,
si no tuvieras pantalones te daría una paliza,
no cabés en la camisa y te creés con razones
p’ mostrarme los calzones y largarme el desafío;
de ese Fausto no me fío pues su pecado mayor
fue buscar el amor en los libros y en la ciencia.”

“¿Y vos hablás de amor? Si cuando las papas quemaban
dejaste a la tribu parada y te borraste a “sufrir…”
¿Qué te importaba morir, si después resucitabas?”
“Que no se te gire la taba.” Le dijo Cristo al diablo.
“Mi Padre te paga salario p’ que seas lo que sos.
Si no te aguantás la fiesta enderezá p’ la cueva
q’ en el cielo, aunque llueva, todos tenemos patrón.
Y si no te gusta el escritor podés irte a otra historia.

Arremangate, campeón, que tus diablos de firulete
ni tu cara de membrete, me mueven un pelo ‘el lomo.
Ni siquiera por asomo v’iá devolverte el cross;
en esto no cabe Dios, q’ está ‘nel baño y no puede
atenderte como debe: yo solito me la puedo
y hago un pacto con vos: veamos si el Fausto ese
te adora como parece o se acerca más al cielo.”
La serpiente por el suelo se arrastra y el ángel vuela.

Opinión: Comparaciones

          En cierta ocasión, un año de estos que pasó, junto a mi familia, fuimos de vacaciones a la localidad de Merlo en la provincia de San Luis. No les puedo explicar la paz y la calma que se respira en el ambiente, la belleza del lugar y, sobre todo, la calidez de la persona nacida en la provincia. Si lográramos juntar a todos los habitantes, estoy seguro, lograríamos una sola, franca y amplia sonrisa; se desviven por hacer pasar al visitante un gran momento en su lugar de residencia, brindándole todo tipo de servicios y consejos para pasarla mejor. Pero, ¿ a cuenta de qué viene esto? Paso a explicar. En cierto momento nos encontrábamos perdidos en las sierras, mi familia y yo, escalando y recorriendo senderos por entre la maleza, parecía que jamás volveríamos al auto que dejamos estacionado en las puertas de un convento, al pie del cerro. En eso estábamos, discutiendo qué sendero tomar, cuando, por entre la matas, aparece un lugareño, vestido a la usanza en la zona (alargatas y bombacha de campo) con un chaleco amarillo baliza cubriendo su pecho y espalda. "Buenas" dijo sin más "¿Necesitan ayuda?". Lo primero que debe haber surgido en la mente de todos mis parientes debe haber sido la pregunta "¿qué hace este tipo acá?", sin embargo le explicamos que estábamos perdidos y que queríamos llegar al auto estacionado frente al convento. Con una amplia sonrisa abrió una matas que nos tapaban la vista y pudimos ver nuestro auto y la entrada al convento. Nos explicó qué camino tomar y nos dijo que cuando nos vio subir nos siguió porque decía que mucha gente se perdía entre la maleza... Le agradecimos y bajamos al auto. Por la noche, en la cabaña, repasando el día y llegado el momento del episodio con el paisano y su sonrisa, nadie supo cómo explicar el hecho de que nos siguiera sólo para darnos una mano cuando llegara la hora de volver. "Es la primera vez que vemos un gesto así", repetía yo sin cesar y mi familia aprobaba. Rápidamente, aunque las comparaciones son odiosas pero indispensables, pensamos en nuestra provincia y la gente... Dios mío, cuánto nos faltaba por aprender: humildad, respeto por el visitante, disposición, tolerancia, paciencia... en fin, mil cualidades que en una de las provincias más visitadas por el turismo internacional (hablo de Neuquén) está a años luz de distancia. Lástima... Podríamos aprender de a una, aunque sea una por año; estoy seguro que la cosa cambiaría no sólo para el bien personal sino también en beneficio de los que nos visitan.

La corchea y el oxímoron: "Canción del jardinero"


Mírenme soy feliz,
entre las hojas que bailan
cuando atraviesa el jardín,
el viento en monopatín.
El yo lírico se encuentra feliz, como el resto de la gente (“hojas que bailan”), cuando por el país soplan vientos de democracia y de paz.

Cuando voy a dormir
cierro los ojos y sueño,
con el olor de un país
florecido para mí.
Cuando dormimos tranquilos, nos atrevemos a soñar ilusiones y proyectos en un país “florecido”, de distinta manera, para cada uno.

Yo no soy un bailarín
porque me gusta quedarme
quieto en la tierra y sentir
que mis pies tienen raíz.
No obstante, el autor, tiene los pies en la tierra y no le gusta soñar con utopías cuando todo anda bien. El tema del arraigo fue, para María Elena, un tópico recurrente en su carrera; ella jamás quiso abandonar su país, por peor que viniera la mano. De última puedo seguir escribiendo canciones para niños con un alto voltaje de sentido metafórico y decir aquello que no está bien o que viola los derechos humanos.

Una vez estudie,
en un librito de yuyos,
cosas que sólo yo sé
y que nunca olvidaré.
Ese “Librito de yuyos”, dicho de manera tan natural, hace referencia a la tan vapuleada Constitución Nacional. Fue el libro menos respetado durante la dictadura y los gobiernos posteriores, y, a la vez, el más leído por María Elena, tan leído que jamás lo olvidará. No obstante, siempre existe la posibilidad de que cada cual lo lea a su manera, lo interprete a su manera y pelee a su manera por sus derechos.

Aprendí que una nuez,
es arrugada y viejita,
pero que puede ofrecer,
mucha, mucha, mucha miel.
Aquí María Elena usa la nuez como metáfora de los ancianos; viejitos y arrugados, aún pueden dar buenos consejos si los sabemos escuchar. En este caso particular, creo que María Elena se refiere al Presidente Illia, viejo, lento, pero estaba sacando de a poco al país del pozo en el que se encontraba; los ansiosos y la malintencionada oposición de siempre lo derrocaron.

Del jardín soy duende fiel,
cuando una flor está triste,
la pinto con un pincel,
y le toco el cascabel.
María Elena se declara fiel al país y a sus ideas. Cuando las cosas se ponen mal, cuando el país necesita el hombro de los ciudadanos, ella está dispuesta a asumir el rol que le corresponde. Es más, alienta a sus compañeros (“pintándolos con un pincel” o “tocándole un cascabel”), es decir, recordándoles nuestras raíces ideológicas y planeando la lucha para seguir resistiendo.

Soy guardián y doctor
de una pandilla de flores
que juegan al dominó
y después les da la tos.
Esta estrofa es una de las más complicadas por la cantidad de símbolos que María Elena propone; vamos por partes y después trataremos de unir todo. En primer lugar, “Pandilla de flores” me suena a un grupo de gente con un ideal en común, pero con ideas propias (porque cada flor es distinta a la otra o tiene distinto color o tiene diferente aroma). Luego, María Elena se ubica en el lugar de “guardián” y “doctor”, es decir, que vigila y apuntala tanto la ideología como las ideas individuales del grupo. Por otro lado, el dominó es un juego de estrategia, paciencia y perseverancia, los jugadores ansiosos pueden “trapicarse” y comenzar a toser. Por último, María Elena vigila y apuntala no sólo las ideas y los ideales del grupo, sino que, además, controla y subsana los errores de estrategia, de paciencia y de perseverancia que tiene el grupo cada vez que se ponen a organizar algo, como “jugar al dominó”, por ejemplo.

Por aquí anda Dios
con regadera de lluvia
o disfrazado de sol
asomado a su balcón.
¿Quién será este personaje autodenominado “Dios” que anda repartiendo lluvia, iluminado y asomado a su balcón? La respuesta me parece demasiado obvia, pero, francamente, no se me ocurre otra. Personalmente opino que se trata de un Perón endiosado por la multitud, haciendo “llover” cosas sobre el pueblo (ya todos sabemos el carácter paternalista y dadivoso que tuvo el general Perón y Evita en sus gobiernos), el Perón iluminado, prodigando luz y calor a sus descamisados, y asomado al mítico balcón de la Casa Rosada.

Yo no soy un gran señor
pero en mi cielo de tierra
escondo un tesoro mejor
mucho, mucho, mucho amor
Se define de condición humilde, con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra, atesorando amor en cada acción o idea que encara.
Gracias María Elena.


Face to face vía mail: Tomás Watkins


         Actualmente, en qué proceso de escritura estamos:
Estoy trabajando en una serie de poemas cuyo tono me cautivó de entrada, es decir lo que se iba manifestando para mí en la relación palabra y melodía. Me he detenido en la disposición textual, la medida de los versos y el encabalgamiento, cuestiones que, pienso, le otorgan a los poemas una sintaxis particular. Estoy disfrutando mucho del proceso. Creo que la gracia está ahí, ¿no? en el acto mismo de escribir, cuando tus sentidos son absorbidos por todo el mecanismo. Dar a conocer una obra es menos importante que su gestación. Valery decía que no hay obras terminadas sino “abandonadas”. Bueno, también es saludable mantener una cuota de desconfianza cuando se está demasiado satisfecho. La autocomplacencia es peligrosa.

Contame dónde naciste y cómo te criaste:
Nací y me crié en Neuquén. En los ‘80 el paisaje era entre urbano y pueblerino, característica de ciudades como la nuestra. Bardas, ríos y deambular por el centro a la hora de la siesta. Podías encontrar lagartijas o alacranes a pocas cuadras de tu casa y jugabas a la pelota en calles por donde no pasaba un auto en horas, las mismas que hoy están plagadas de semáforos. A pesar del tiempo, algo queda de aquellos buenos días.

Cómo surgió en vos este chiste de la poesía:
         El momento en el que me di cuenta de que tenía que escribir fue alrededor de los 17. Había terminado el secundario y rumbeé para Roca a estudiar abogacía. Supongo que la soledad y el haberme alejado de la casa de mis padres me impulsaron a escribir. Me acuerdo que llené un cuaderno, destinado a una de las materias (prácticamente en blanco), en poco tiempo. Escribí torrencialmente aforismos, reflexiones, narraciones y poemas, todo un gran desahogo volcado sobre las hojas. No sé qué había operado en mí. De la universidad, ni hablar. Metí una materia o dos y me volví. Pero ya había picado, ya estaba adentro. Empecé a leer sobre figuras retóricas, métrica y poética. Me entretenía de noche hasta tarde. Seguía acumulando poemas y textos en prosa de todo tipo. Fue una de las etapas más fértiles de mi vida. Luego mandé algunos de ellos a un concurso y gané cuatro premios en tres categorías, lo cual, imaginate, me dio un empuje terrible. Mi primer contacto con escritores fue así, un poco violento y exhibicionista, ¿no? Yo tenía 18 recién cumplidos y me vinieron a hacer una nota para una radio y otra para una revista. No sabía qué decir.
        
Qué te gustaría ser cuando seas grande:
El problema de ser adulto es que tenés menos margen para la inocencia. Me gustaría convertirme en esa clase rara de editor que publica textos exclusivamente de su agrado y no por negocio.

Nombrame dos personas a las que les darías un chirlo en la cola:
Como dijo Pacheco, “cada vez interesan más los poetas, la poesía cada vez menos”, aludiendo al hecho de que son tiempos en los que se presta más atención al rótulo que a la obra, al circo más que al fondo. Los que se merecen un chirlo son quienes, ya sea por vanidad o por ingenuidad, están más preocupados en figurar que en escribir. Ojalá que algún día se den un auto-chirlo quienes mantienen cinco blogs y tres webs cuando se den cuenta de que, por la urgencia de “material fresco”, arrebatan los textos. Pasa en Neuquén y en todas partes. Ser escritor tiene que ser una responsabilidad antes que un privilegio.

Duele ser poeta o es la versión romántica de un hipocondríaco:
Es un tema delicado. Pienso que en el intento por expresar lo sensible el poeta puede confundirse con el objeto observado y, así, pensar que hablar de uno es hablar de todo. Que estés enfermo o pienses que lo estás –o, incluso, que desees estarlo– no te hace mejor escritor. Ningún viaje que te comas garantiza los frutos, salvo, claro está, los del “figuretismo” o de la autocomplacencia.
Hubo enormes escritores que sufrieron padecimientos físicos o mentales pero que no hicieron bandera de su condición. Es más: escribieron a pesar del dolor. Pienso en Bernhard, Dylan Thomas, Kafka, Maupassant, Dostoievski, Nietzsche. Desarrollaron obras indispensables en permanente desventaja. La contrapartida actual es que hay escritores-auto-bombo que dan charlas y talleres pero que, en mi opinión, no son buenos o no tienen nada para decir. Esto contribuye a nivelar para abajo, a que se establezcan, por visibles, modelos mediocres. Yo creo que hay buena literatura y mala literatura, y la distancia entre ellas no tiene nada que ver con el dolor real o fingido (para usar palabras de Pessoa).
                                                                   
Cómo sentís que debe ser la poesía:
Hay poesía para todos los gustos, afortunadamente. Porque el gusto siempre cuenta, y tu contexto, y tus condiciones como sujeto lector. Los autores que más me gustan son los que no hacen literatura solamente, es decir que no se quedan en la obrita magistral para el estante. La idea más o menos estandarizada de literatura suena a entretenimiento, diversión o enseñanza. Bueno, hay autores que trascienden estas consideraciones, que te ponen en vilo con vitalidad y desesperación: William Burroughs, Dino Campana, Antonin Artaud, Martín Adán, más algunos de los que ya nombré. Si la pregunta apunta a qué espero de la poesía o de la literatura en general, yo espero que sea buena. No importa estética, ideología, época. Se escribe mucho y se publica mucho y la mayoría no es bueno. En este sentido, los blogs, o al menos cierto uso que se hace de ellos, son un arma de doble filo. Tenés inmediatez, pero también falta de revisión y precariedad.
Como escritor pienso que es importante conocer de composición, pero eso tampoco te garantiza que seas bueno, que tengas algo para decir o que no te repitas. Hay buenos poetas que cometen errores ortográficos y malos poetas cuya gramática es muy digna. Mientras, uno ve que en los indispensables la experiencia se traduce en simpleza. A mí me gustaba pensar con Huidobro que no hay que decir “rosa” sino hacerla surgir del texto –omitir aquello de lo que hablás, según Borges–, lo que me sirvió durante algún tramo. Luego, Gonzalo Rojas me dijo que él no se metía con las partes de las flores, pero que esto no era impedimento para ver “el color de la hermosura”. Es decir que todo está ahí, y uno toma lo que puede en el esfuerzo por encontrar la voz propia.

Cuáles son tus obras terminadas y las publicadas:
En 2007 publiqué un libro de poesía intitulado 26, gracias a una buena propuesta de la editorial El Suri Porfiado. Antes había publicado una versión artesanal del mismo libro en 2004, cuando armamos con Celebriedades un pequeño emprendimiento editorial. Por el 2004 también comencé a escribir otro libro que se llama Mitología, con el que gané, ese mismo año, el primer premio de poesía de la Universidad del Comahue. Además me han incluido en varias antologías, algunas de las cuales me alegro de integrar: la convocada por Cristian Aliaga para el Fondo Nacional de las Artes, llamada Poetas novísimos del sur de la Argentina, la Peces del Desierto, coordinada por Luciana Mellado y Jorge Maldonado desde Comodoro Rivadavia, 16 poéticas de la editorial Limón, y la próxima a editarse por la platense “Los detectives salvajes”, a cargo de Julián Axat.

Qué le aconsejarías a los pibes para que no se vuelvan locos con la birome:
No, yo les diría que sí: ¡vuélvanse locos con la birome! Que escriban y que se expresen y que busquen reflexionar cada vez más sobre el lugar que ocupan en el mundo. No creo que la inclinación por escribir en los adolescentes le haga mal a la literatura sino todo lo contrario. Es más: ojalá que exista tal inclinación. Lo invasivo de las nuevas tecnologías genera ruido y distracción. Frente a ello, prefiero que los chicos divaguen escribiendo y tomando mate en las plazas.
Creo que le hace más daño a la literatura, y, por añadidura, a la cultura en general, la mala costumbre de publicar compulsivamente obras de porquería, que, encima, gozan de buena consideración y, en el peor de los casos, terminan en las escuelas. No me quiero poner solemne ni generalizar, por supuesto, pero si a los chicos les das mala literatura es probable que les cueste un poco más despegarse de esos modelos. Entonces digo que habría que revisar la herencia, es decir, qué les vamos dejando los más grandes ¿no?

Hay mucha gente que te considera un artista, pero de qué trabajás:
Trabajo hace once años en el Centro de Documentación del Consejo Provincial de Educación.

Cómo creés que va a estar el clima mañana:
A pesar de que todo tiende a generar una visión pesimista del futuro –porque el presente es bastante desesperanzador–, no hay que dejar de tirar para adelante buscando convertir la mierda en belleza. Tenemos que ser conscientes y autocríticos. El clima de mañana tiene todo que ver con lo que pase hoy.